8° edición del Festival Gustavo Roldán

Como en el monte de Gustavo Roldán, cien, mil chicharras llenaron el ECuNHi con su canto. De una en una fueron llegando las familias al Espacio Cultural de las Madres de Plaza de Mayo con cantos, susurros, historias.

Compartimos la hermosa nota que escribió nuestra directora Veronica Parodi para el portal de literatura infantil y juvenil, «Avion que va».

Como chicharras del monte

Por Verónica Parodi  | Fotos: Román Rivas

«Primero fue un canto pequeño. Y entonces, de una en una, comenzaron cien, mil, un millón de
chicharras a llenar el monte con su canto.» 
Gustavo Roldán. Un largo roce de alas

 

Como en el monte de Gustavo Roldán, cien, mil chicharras llenaron el ECuNHIi con su canto. De una en una fueron llegando las familias al Espacio Cultural de las Madres de Plaza de Mayo con cantos, susurros, historias. La energía que se vivió en esta 8° edición del Festival Gustavo Roldán, entre tantas familias que colmaron el lugar disfrutando de los talleres, jugando , bailando, participando, fue transformadora. Nadie es el mismo después de participar en esta casa tan relacionada con el dolor, hoy convertida en un espacio luminoso.

Los noveles autores y autoras premiados del Concurso Nacional «¿Quién apaga las estrellas?» fueron protagonistas de esta edición. Sus familias los acompañaron emocionadas. Muchas de ellas ingresaban por primera vez a este espacio cultural y educativo ubicado en la ex Esma. Cada ganador recibió su diploma y su libro, con los relatos seleccionados y los de los jurados —Margarita Mainé, presente en esta fiesta junto a sus nietos, María Wernicke y Sebastián Vargas— que sumaron su compromiso y su participación ad honorem. Fueron vitales otros apoyos, como el de la legisladora Victoria Montenegro para la impresión del libro, María Inés González para la diagramación, entre muchas manos que trabajaron con amor. De punta a punta del país chicos y chicas participaron en escuelas, en sus casas, en talleres literarios, escribiendo y soñando en grupo o de manera individual muchos mundos posibles. La esperanza se escribe de la mano de estas nuevas generaciones, con sus relatos y sus sueños.

Otro de los grandes momentos fue la presentación del «bi libro» de Gustavo Roldán y Laura Devetach Bajo el burlón mirar de las estrellas y La señora de la calle Cangallo, editado por Calibroscopio. Fue un momento presentado por Avión que va, en el que Laura, también Laura Roldán y la editora Judith Wilhelm, contaron la historia de esta «bi edición». También hubo lectura de poemas, en la voz de la propia autora y de Claudio Ferraro, presentador de esta fiesta junto a Victoria Nardone. Y un cierre con los susurrantes solidarios del ECuNHi(también encargados de la apertura de esta fiesta) y los poemas del bi libro susurrados.

Pudimos disfrutar de otros grandes autores como Itsvansch, en la presentación de otro libro caro a este sitio: Avión que va, avión que llega, recientemente reeditado por Norma. Uniendo avioncitos de colores y lanzándolos uno a uno, el autor integral se lució en una performance poética, plástica… ¡y aérea!

 

“Hay un avioncito que une corazón tuyo con corazón mío, que da muchas vueltas más y también tiene escalas en otros corazones de tanta gente querida». Itsvansch.

 

Hubo más: Diana Tarnofky narró mágicamente Anita y la luna, escrito por Rubén Alvarez e ilustrado por María Teresa Farrés,  el número 30 de la colección Los cuentos del Chiribitil, ahora reeditados por Eudeba. Otras editoriales estuvieron presentes con sus libros y con sus talleres: Fondo de Cultura Económica, Pequeño Editor, Uranito, Calibroscopio, Del Naranjo, Boliche Rodante con sus libros. También queridos y valorados espacios como el de la Biblioteca Popular de Virrey del Pino, el Filbita (la sección infantil del Filba) y Tinkuy, Encuentro con Libros. El gran cierre fue de la mano de Valor Vereda, que con el concierto literario de los Chiribitil cruzó puentes entre las infancias de ayer y de hoy.

Los talleres fueron colmados por familias que pasaban de aula en aula cantando canciones de cuna, armado susuradores, escuchando cuentos a cuerda, creando loterías literarias, jugando con cartas poéticas o recreando los cuentos y los personajes del monte. Los susurros colmaron el festival de la mano de los susurrantes solidarios, creando climas inolvidables con textos del querido Gustavo Roldán.

La belleza nos ayuda a mirar el mundo de otro modo, nos ayuda a habitarlo, a transformarlo. Nunca más el silencio en esta casa de las Madres. La palabra y el arte serán siempre los motores en defensa de la memoria y del futuro. Es allí donde van todas las energías de los que construyen esta casa, trabajadores, artistas, autores, ilustradores, familias enteras. Para acercarnos, para encontrarnos. Para proyectar y para seguir construyendo. Para dejar huella y dejar entrar el porvenir. Como la chicharras de Roldán, que llenan el monte con su canto.